La IA empieza por vuestro contexto.
Una universidad reúne realidades que no se resuelven con una única herramienta: una asignatura de primer curso, una unidad de investigación y una secretaría académica trabajan con documentos, decisiones y ritmos diferentes. El punto de partida es identificar dónde puede ayudar la IA y qué información, permisos y criterios necesita cada caso.
Proponemos comenzar con una unidad o un proceso acotado. Trabajamos con las personas que conocen ese contexto para seleccionar materiales, preparar actividades y acordar cómo revisar los resultados. A partir del piloto, la universidad podrá valorar si conviene ampliar el uso, modificarlo o mantener el proceso actual.
Una orientación común para usos diferentes
El profesorado y los servicios necesitan criterios compartidos sin perder autonomía. Ayudamos a traducir una orientación institucional en ejemplos comprensibles sobre usos permitidos, información que debe protegerse y situaciones que requieren consulta.
Aprender y evaluar con criterio
Introducir IA en una actividad cambia qué parte del trabajo realiza el estudiante. Revisamos el objetivo didáctico, las evidencias de aprendizaje y la explicación del uso de herramientas, evitando depender de detectores como única prueba.
Conocimiento distribuido entre unidades
Normativas, guías y procedimientos pueden estar repartidos entre facultades y servicios. Antes de crear un asistente, acordamos qué fuentes están vigentes, quién las mantiene y cómo resolver una respuesta incompleta o contradictoria.